Vitaminas A+D: La biología de la luz

Categoría: Nutrición Integrativa

Dra. Nuria Roda / Alberto Tejero

Pasamos la mayoría de nuestro tiempo bajo techo e iluminados por luz artificial y con la vista fija en pantallas ya sea por el teletrabajo, el estudio o por ocio. Esta conexión digital y falta de exposición a la naturaleza está alterando nuestro estilo de vida mantenido por nuestros ancestros. Es precisamente en este escenario moderno donde el dúo de las vitaminas A y D cobra una gran relevancia, ya que ambas están íntimamente ligadas con la luz.

Hoy en día vivimos en la época del sedentarismo digital y con más vida en los interiores de la casa u oficinas. Pasamos la mayoría de nuestro tiempo bajo techo e iluminados por luz artificial y con la vista fija en pantallas ya sea por el teletrabajo, el estudio o por ocio. Esta conexión digital y falta de exposición a la naturaleza ha alterado nuestro estilo de vida. Es en este escenario donde el dúo de las vitaminas A y D cobra una gran relevancia, ya que ambas están íntimamente ligadas con la luz. En España algunas investigaciones reportan deficiencia superiores al 76% en vitamina D en algunos grupos de población y a nivel mundial la OMS calcula que alrededor de 190 millones de niños en edad preescolar con falta de vitamina A.1,2

Para entender la magnitud de esta desconexión moderna, es muy útil observar nuestra historia evolutiva, tal y como menciona el Dr. Morley Robbins.3 Nuestra relación fisiológica con la luz y estos nutrientes es muy antigua:

  • Una herencia ancestral: Según datos de astrobiólogos, la vitamina A habría llegado a nuestro planeta unos 700 millones de años antes que la vitamina D. Esto nos indica que nuestra biología primero se adaptó a interactuar visualmente y celularmente con la luz, funcionando la Vitamina A como un verdadero «sensor de luz».3
  • El ciclo de las estaciones: Más adelante, desarrollamos la dependencia de la vitamina D, a la que él se refiere como un «filtro solar». Evolutivamente, nuestro cuerpo está diseñado para aprovechar el sol estacional: producimos grandes cantidades de Vitamina D durante el verano, el hígado se encarga de almacenarla y esa reserva nos dura aproximadamente 6 meses para afrontar el invierno.3

El gran problema contemporáneo es que hemos roto este ciclo natural. Mientras que la luz del sol cambia de forma natural con las estaciones, nosotros sometemos a nuestros «sensores» a una luz artificial constante durante todo el año, sin salir al exterior a recargar nuestras reservas naturales. Además, la medicina moderna a menudo intenta solucionar esta falta de luz con suplementación aislada, lo cual puede desequilibrar nuestro metabolismo. Por ejemplo, que el consumo de vitamina D sintética llega a bloquear la vitamina A. Esto subraya una regla de oro en nutrición: no podemos compensar un estilo de vida desconectado de la naturaleza tomando compuestos aislados sin entender cómo interactúan entre sí dentro de nuestro cuerpo.

Ambas pertenecen al grupo de las vitaminas liposolubles, lo que significa que se absorben mejor cuando se consumen junto con lípidos. Viajan por la sangre y se almacenan en tejidos como el hígado, el músculo y el tejido adiposo.4 A continuación, se hablará de sus propiedades:

Vitamina A (Retinol y Provitamina A)

La vitamina A, conocida en su forma activa como retinol, o en su forma precursora vegetal como provitamina A (betacarotenos), es mucho más que la «vitamina de la vista». Sus funciones son:

  • Visión y diferenciación celular: Es esencial para la visión. Sus metabolitos actúan directamente en nuestra capacidad de procesar la luz. El cuerpo toma el retinol que consumes y lo convierte en una molécula llamada retinal. Este retinal se une a una proteína en tus ojos para formar la rodopsina, que es el pigmento visual clave. Cuando un rayo de luz entra en tu ojo en la oscuridad, golpea esta molécula. El impacto de la luz hace que la vitamina A cambie físicamente de forma y se genera un impulso eléctrico que viaja directamente por tu nervio óptico hasta el cerebro, traduciéndose en la imagen que ves.5
  • Escudo Inmunológico: Participa en el desarrollo de células T auxiliares y células B, por lo que es importante para la inmunidad adaptativa. Su contribución a la regeneración del epitelio de la mucosa y al funcionamiento de los neutrófilos, los macrófagos y las células asesinas naturales hace que también sea importante para la inmunidad innata.5
  • Energía celular: El Dr. Robbins eleva su importancia al nivel celular más básico. Señala que el retinol es fundamental dentro de la mitocondria. Actúa como un puente esencial que permite a los electrones moverse y generar energía. Según esta visión, la falta de retinol obliga a la célula a usar métodos ineficientes de energía (efecto Warburg).3
  • Metabolismo de Minerales (Hierro y Cobre): Mientras que tradicionalmente no se suele enfatizar en esto, el doctor Robbins destaca que la vitamina A es indispensable para producir Transferrina y para que el Cobre sea biodisponible en el cuerpo.3

Su deficiencia es grave. Si no hay suficiente vitamina A, el ojo se queda sin pigmentos visuales, lo que causa ceguera nocturna. Además, a nivel físico, la falta de esta vitamina impide la correcta lubricación del ojo, pudiendo derivar en sequedad extrema (xeroftalmia) y ulceración en la córnea. Además, debilita el sistema inmune y puede causar problemas de fertilidad. Desde la perspectiva de Robbins, su deficiencia afecta profundamente el metabolismo energético y se ha llegado a proponer como un factor en el desarrollo del cáncer.3,5

Vitamina D (Colecalciferol)

La vitamina D funciona en nuestro cuerpo como una hormona esteroide (derivada del colesterol). Se produce de manera endógena cuando los rayos del sol entran en contacto con el 7-dehidrocolesterol en nuestra piel. Dentro de sus beneficios están:

  • La arquitecta de los huesos: Su función más conocida es mantener la homeostasis del calcio y el fósforo. Su acción es movilizar el calcio desde el hueso e inhibir la secreción de la hormona paratiroidea (PTH), la cual estimula indirectamente a los osteoclastos que son los responsables de extraer el calcio del hueso, por lo que de esta manera se facilita la mineralización ósea y, por tanto, fortalece nuestros huesos.4
  • Soporte Inmunitario: Más allá de los huesos, tiene un papel destacado en la regulación de nuestro sistema inmunológico. Casi todos los glóbulos blancos del cuerpo (macrófagos, células T y B) tienen receptores de vitamina D. Cuando esta se une a ellos, activa la producción de péptidos antimicrobianos. Un sistema inmune sano no solo debe saber atacar, sino también saber cuándo detenerse. La vitamina D ayuda a modular esta respuesta, evitando que el sistema inmunológico reaccione de forma exagerada. 6

El déficit crónico, causado principalmente por la falta de sol, provoca raquitismo en niños y osteomalacia u osteoporosis en adultos. Sin embargo, su exceso también trae problemas, aunque es más raro. Clínicamente, causa calcificación de tejidos blandos, náuseas y problemas renales. El Dr. Robbins añade una advertencia profunda sobre el exceso de suplementación con vitamina D sintética: afirma que esta puede «bloquear» a la vitamina A y que, en dosis muy altas, puede aumentar el almacenamiento de hierro en los tejidos, disminuyendo la producción de energía celular (ATP).3,6

En conclusión, se conoce poco la historia compartida entre nuestras células, la luz y estos nutrientes. Para absorber y aprovechar correctamente estos beneficios, es ideal consumir estas vitaminas junto con grasas saludables (como aguacate o aceite de oliva), ya que los ácidos grasos son su vehículo de transporte natural.

Referencias bibliográficas:

  1. Navarro Valverde, C., & Quesada Gómez, J.M.. (2014). Deficiencia de vitamina D en España: ¿realidad o mito?. Revista de Osteoporosis y Metabolismo Mineral6(Supl. 1), 5-10. https://dx.doi.org/10.4321/S1889-836X2014000500002
  2. Song, P., Adeloye, D., Li, S., Zhao, D., Ye, X., Pan, Q., Qiu, Y., Zhang, R., Rudan, I., & Global Health Epidemiology Research Group (GHERG) (2023). The prevalence of vitamin A deficiency and its public health significance in children in low- and middle-income countries: A systematic review and modelling analysis. Journal of global health13, 04084. https://doi.org/10.7189/jogh.13.04084
  3. Robbins, M. (2021). Cure Your Fatigue: The Root Cause and How to Fix It on Your Own. BenBella Books.
  4. López-Picadoa A., Fernández Torresa M., Martínez Santosa M., Marina Ruiza I. (2009). Vitaminas liposolubles. Guía para una correcta dispensación. Farmacia Profesional, Vol. 23. Núm. 6. páginas 41-44.
  5. McEldrew, E. P., Lopez, M. J., & Milstein, H. (2022). Vitamin A. In StatPearls. StatPearls Publishing.
  6. Tuckey R.C et al. The serum vitamin D metabolome: What we know and what is still to discover. J Steroid Biochem Mol Biol. 2019 Feb; 186:4-21.

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